CONCURSO
Se decide hacer un concurso a ver quién es el hombre que tiene el pene más pequeño del mundo y llega la hora de la verdad y hay tres finalistas.
Llega el primero, se baja los pantalones, se saca la picha, le toman medidas y le mide un centímetro.
Va luego el segundo, se baja los pantalones y con ayuda de una lupa, se consigue medirle la polla, o la pollita mejor dicho ya que le mide 5 milímetros.
El jurado ya está decidido a darle el premio al segundo concursante cuando protesta el tercero, ya que todavía no se la habían medido.
Van a medírsela, buscan y buscan y con la ayuda de un microscopio electrónico finalmente dicen:
- Sí, ya la hemos encontrado, es este pequeño bultito que casi no se ve.
- Claro, no te jode -dice el concursante- con tanto tocármela ya me la han puesto tiesa.
SOLIDARIDAD
Un convento en medio de la selva es asaltado por unos ladrones.
- ¡Os vamos a violar a todas! - grita uno de los asaltantes.
- No, no, no, por favor, a la Madre Superiora no - gritan las monjitas.
A lo que la Madre Superiora grita:
- Hermanas, si ha dicho a todas... ¡ES A TODAS!.
CENA
En la oficina un compañero le dice a otro:
- Oye, esta noche, iré a cenar a tu casa.
- Chico, lo siento, pero mi mujer no está buena.
- No importa, comeremos otra cosa.
LOS ANUNCIOS DE LA TELE
Qué le dice la leche al Cola Cao?
Échame un polvo que estoy caliente.
BUENAS OBRAS
Están los alumnos en clase y la maestra pregunta:
- A ver, hoy vamos a hablar de las buenas obras que hemos hecho esta semana.
Y salta el primer niño:
- Yo, hace dos días, ayudé a una viejecita a cruzar la calle.
- Muy bien - responde la maestra.
- Yo el otro día ayudé a una señora a llevar unos paquetes.
- Bien, muy bien... Y tú, Jaimito, ¿qué has hecho? - pregunta la profesora.
- Yo, señorita, evité una paliza y una violación.
- ¡Cielos, Jaimito! ¿Cómo lo hiciste?
- Muy fácil, la convencí.
PERRITO BONITO
Va un hombre en el tren y hay una señora con un perro a su lado. El perro lleva todo el viaje molestándole y dando el coñazo, hasta que al final el hombre le dice a la mujer:
- Oiga, señorita, puedo darle una patada a su perro.
A lo que la mujer le responde:
- ¿Y por qué no se la da usted en los cojones?
- No se preocupe, señorita, en los cojones se la iba a dar.